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Tomar responsabilidad en tu vida y establecer sanos límites

A menudo en mi consulta de coaching converso con mujeres sobre tomar responsabilidad en su vida y establecer sanos límites, la mayoría de ellas piensan que el origen de sus problemas está siempre fuera de ellas, los culpables son muy diversos: la situación del país, el jefe, el esposo, los hijos, sus padres, su infancia, su adolescencia, un desengaño amoroso.

Son mujeres que están agotadas física y mentalmente porque están llenas de actividades a lo largo del día y no les alcanza el tiempo para dedicarse siquiera una hora para ellas: “es que tengo demasiadas cosas que hacer”.

Te voy a contar la historia de una de ellas, Luisa; se encargaba de todas las actividades dentro de su casa y de atender a su marido y sus hijos, llegó estresada a mi consultorio quejándose de que no tenía vida, que era la mujer de servicio de su familia.

Comenzamos a revisar su rutina diaria y le pregunté ¿de qué manera estaban repartidas las tareas en su casa? Su cara fue de desconcierto total y contestó «todas las tareas en mi casa las hago yo».

Entonces le pregunté: ¿hay posibilidad de que contrates a alguien que haga algunas tareas en casa por ti?

Me respondió que hace algún tiempo desistió de buscar a alguien que la ayudara porque ninguna hacia las tareas como las hacía ella, siempre cuando estaba medio conforme con alguna, hacían algo «mal».

Laura estaba acostumbrada a sentirse estresada y agobiada, ya se había vuelto adicta a esta emoción tóxica, su rutina era quejarse de su vida y al mismo tiempo sentir que ella era indispensable haciendo las tareas en su casa, lo que le producía una sensación de agobio por el exceso de responsabilidad y a la vez le causaba orgullo porque nadie podía compararse con ella llevando la organización de su casa y de su familia.

¿Quién ha permitido que esta situación llegue al punto de que Laura esté exhausta con tantas responsabilidades sobre sus hombros y sin un mínimo de tiempo para dedicarse a ella misma? Si, lo ha permitido la propia Laura.

Te he querido contar esto que quizás también le haya pasado a alguien de tu entorno o quizás tu misma lo hayas vivido, para decirte que tú eres la protagonista de tu historia, la dueña de tu destino, que muchas veces entregas tu poder personal y la responsabilidad de tu vida a otras personas o circunstancias; si no te gusta lo que hoy está sucediendo en tu vida ¡tú tienes el poder de cambiarlo!

Es maravilloso saber que tu eres la responsable de proveerte la vida que deseas, que no dependes de nadie para ser feliz, que tienes el derecho divino de serlo y que te lo mereces.

Cuando te haces responsable de tu vida y de lo que pasa en ella ya no te sientes víctima de las circunstancias, ya no dices «esto es lo que me tocó vivir» ya utilizas tu poder de decisión para escoger lo que quieres vivir.

No culpas de lo que pasa en tu vida a tus padres porque no te dieron suficiente amor, tampoco reprochas el hecho de haber nacido en una familia que no tenía las mejores condiciones económicas y por eso tus condiciones económicas tampoco son buenas, no culpas a aquel hombre del cual te enamoraste y te engañó o te maltrató.

Cuando te haces responsable de tu vida sabes que no puede pasarte nada que tu no permitas que pase.

Cuando pones sanos límites a tu entorno sabes que tú decides hasta donde pueden llegar en tu vida, sabes cuando te están faltando el respeto, sabes cuando debes retirarte porque esa amistad o esa relación no está equilibrada en el dar y en el recibir, sabes cuando no te están amando como lo mereces.

Y entonces en vez de quejarte o lamentarte, te sientas con una taza de tu té favorito y un cuaderno y empiezas a hacer un plan de acción para mejorar aquello que no te hace feliz, empiezas a abrirte camino para regalarte momentos para ti, comienzas a recobrar tu poder.

Cuando mi clienta y yo comenzamos a hacer este plan de acción y empezamos a repartir tareas entre todos los miembros de su hogar, pasaron cosas maravillosas, familiarmente todos se involucraron de mejor manera, comenzaron a considerarla porque se dieron cuenta de todas las tareas que ella sola tenía que hacer, mejoro el humor de Laura y por consiguiente el ambiente se torno más amoroso y equilibrado.

Laura dejó de pensar en que ella era la mejor para organizar su casa porque tenía muchas otras actividades interesantes que hacer, que le cultivaran el alma y el espíritu.

Hoy ella piensa cómo era su vida antes y dice ¿cómo no me decidí a hacer estos pequeños cambios antes? Me hubiera ahorrado tantos disgustos y hubiera empezado a disfrutar mi vida desde hace mucho tiempo.

¿Y tú? ¿Estás siendo responsable de tu vida? ¿Cómo están establecidos los límites en tu casa, en tu oficina, en tus relaciones, en tu entorno?

¿Qué opinas tú?

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